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Jesucristo y Krishna
Mucha gente a menudo se
pregunta cual es la apreciación del Señor Jesucristo, en el movimiento de
Conciencia de Krishna.
Srila Prabhupada, el mayor exponente del movimiento para la
Conciencia de Krishna explica que Jesús es un representante de Krishna,
hijo de Dios, y maestro espiritual del mundo.
Aquí hay extractos de los libros de Srila Prabhupada, como también lecturas y
conversaciones acerca de Jesucristo y su relación con Krishna.
“Si uno ama a Krishna, debe amar al Señor Jesucristo También. Y si uno ama
perfectamente a Jesús, el debe amar a Krishna también. (Srila Prabhupada – en una conversación con Allen Ginsberg, Mayo 12,1969)
Como
el Señor Jesucristo dijo, debemos odiar el pecado, no al pecador. Cristiano, musulmán, hindú - no importa. Si simplemente habla en nombre de Dios, es un Guru. Tomemos por ejemplo al Señor Jesucristo. El trataba de convertir a la gente, diciendo: “Solo traten de amar a Dios”. Cualquiera, no importa que sea hindú, musulmán o cristiano, es un Guru, si convence a la gente de que ame a Dios. Esa es la prueba. El Guru nunca dice: “Yo soy Dios” o “Yo te volvere Dios”, El verdadero Guru dice: “Yo soy sirviente de Dios, y a ti también te volvere sirviente de Dios”. No importa como el Guru se vista. Caitanya Mahaprabhu dijo:”Quienquiera que pueda impartir conocimiento acerca de Krishna, es un maestro espiritual”.Un maestro espiritual genuino tan solo trata de hacer que la gente se vuelva devota de Krishna (Dios). El no tiene ninguna otra misión. (Ciencia
de la realización – Capitulo 2: Eligiendo a un maestro espiritual)
El
quería glorificar el nombre del Señor. Y alguna gente dice que Dios no tiene
nombre. Como? Si el Señor Jesucristo dijo: “Santificado sea tu nombre”,
debe de haber un nombre. El nombre está ahí, pero El no lo pronunció porque
la gente en ese tiempo no era capaz de entender, o tal vez por alguna otra razón,
pero El dijo que había un nombre. Ahora
nosotros estamos Haciendo esta propaganda, Movimiento para la Conciencia de
Krishna “El santificado por su nombre. Mi
querido Señor Krishna, la Suprema personalidad de Dios, deja que tu nombre sea
glorificado”.Este es nuestro movimiento. Esto no es una secta… (Lectura
del Bhagavat-Gita 3.27 Melbourne Junio 27,1974)
Similitudes
entre el Vaisnavismo y el Cristianismo
EN POS DE LA UNIÓN
Hemos
sabido del desaliento de muchas
personas al ver cómo las religiones no sólo se dividen sino que se enfrentan
entre sí. La mayoría quisiera ver
un mundo religioso armonioso y fraterno, como ese cielo al cual prometen llevar.
Ellos ven la forma en que los científicos comparten sus hallazgos, sin límite
de cultura o fronteras, y como juntos se organizan para seguir el curso de sus
investigaciones. Incluso en la política
y el comercio pareciera existir una mejor relación que entre algunas religiones
o religiosos. Sin duda ha causado
un gran desánimo que justamente los propensores de un ideal de amor y
fraternidad sean los que más se condenen entre sí.
Consideramos que no es el verdadero espíritu de la
religión, ni la correcta actitud de un religioso. Más bien una persona así debe ser de mentalidad amplia y comprensiva, como un verdadero padre o
hermano. Él debe tratar de
comprender hasta dónde están capacitados los demás y nunca condenarlos si no
pueden ir más lejos, sino más bien debe alentarlos para que se sostengan en la
verdad de sus realizaciones. Como
el mismo Jesús dijo, «Aún hay mucho por aprender, sino ya se los hubiese
dicho...» El vio hasta dónde podía
comprender su gente, y hasta allí los instruyó.
En un curso cualquiera podemos apreciar que hay distintos niveles de
capacitación. Unos comprenden más
que otros y ellos llegarán más lejos, pero los demás no pueden ser
condenados, ellos también tienen su lugar de importancia, ellos también tienen
que cooperar en satisfacer otras necesidades.
Nuestro maestro espiritual Srila Prabhupada nos enseñó
a respetar todas las escrituras sagradas. El
explicó que todas las revelaciones de Dios, como diferentes diccionarios donde
encontraremos el significado de la palabra que buscamos, pero en unos habrá más
profundidad que en otros, Más bien es en el principiante donde con mayor
facilidad veremos una tendencia al
fanatismo y a sectarizarse.
Por su posición neófita tiende a confundir la esencia con la forma y a
darle mayor importancia a las últimas. Un
religioso o devoto neófito piensa y siente que por el solo hecho de pertenecer
a un credo en particular ya está salvado, sin antes analizar en profundidad
hasta donde está en realidad viviendo el espíritu de la escritura divina que
considera seguir. Vemos que el espíritu de las distintas escrituras y
religiones es incentivar el cultivo del amor por Dios, a quien unos
llaman Yavè, otros Alá, otros Buda,
Krishna o Govinda etc.
En realidad Dios tiene infinitos nombres, pues todo en
Él es infinito. No importa mucho
de qué manera el niño llame a su padre, lo más importante es que lo haga.
No podemos condenar a alguien porque tenga un nombre para dirigirse a
Dios que es distinto al nuestro.
El padre no estaría feliz de ver a sus hijos peleándose por la forma en
que deberían llamarlo. Lo
importante es que estamos coincidiendo en algo fundamental, y esto es que
debemos servirlo y amarlo. De allí
surgirán las distintas denominaciones como el Cristianismo,
Mahometanismo, Budismo, Vaisnavismo, etc. Cada
uno representado por grandes personalidades del amor universal quienes jamás
imaginaron que un día podría haber fanatismo y violencia por causa de sus enseñanzas. Es mucho lo que podríamos decir para ilustrar este
tema que tanto ha empañado la historia del hombre. De un hombre superficial, más bien arribista que sincero,
que pretende alcanzar las bondades
del paraíso subiendo los peldaños de los distintos cargos eclesiásticos,
sin buscar el fruto del amor puro y de la renunciación.
Nunca creceremos por denigrar a los otros, ni nuestra salvación está en
condenar a los que no opinan igual. Todo
avance es personal e individual.
Cada uno con su relación de amor por Dios.
El sello de ninguna institución religiosa será suficiente para
salvarnos. El señor no quiere
tener solo un tipo de partido político con muchas firmas.
El quiere nuestra dedicación sincera a su causa de amor. Ya Jesús dijo que no todo aquél que diga «Señor, Señor...»
será salvo. Su espíritu será
analizado, la intención y disposición con la cual dijo estas palabras será
examinada. Lo mismo
encontramos en el Bhagavad-Gita, donde Sri Krsna
declara que el tipo de conciencia que la persona tiene en el momento de
su muerte determinará su futuro nacimiento.
En general la ciencia de la religión es la ciencia del espíritu, de la
conciencia, donde todas las apariencias externas y formales son descartadas.
El primer acercamiento a la verdad pura nos obligará a descartar lo
formal y fenoménico y a entrar en el análisis metafísico, en la búsqueda de
las esencias de las cosas que nos presentan, dejando de lado sus «accidentes»,
o las características que perciben nuestros sentidos. Es por ello que Srila Bhaktivinod Thakura, autor de más
de cien libros de la ciencia del bhakti, juez de la corte de Puri y un profundo
estudioso de los filósofos occidentales y del cristianismo, nos da ya a fines
de siglo pasado, su valiosa opinión de cómo debe ser un crítico genuino: «El espíritu partidista, ese gran enemigo de la
verdad, frustrará siempre el intento de la persona inquisitiva que trata de
recabar la verdad de entre los trabajos religiosos de su nación, haciéndoles
creer que la verdad absoluta no existe más que en su viejo libro religioso...
La forma en la cual Cristo pensó de su propio Padre fue de amor
absoluto, y mientras el filósofo no adopte ese modo de pensar, permanecerá
siempre privado de la fe absoluta que predicó el redentor occidental.
Similarmente el cristianismo tendrá que adoptar la forma de pensar que
el vedantista siguió, antes de que pueda amar las conclusiones del filósofo.
Así el crítico debe ser un alma comprensiva, buena, generosa, cándida,
imparcial y favorablemente dispuesta...» De
hecho, cuando nuestro maestro espiritual llegó al Occidente en 1965 y algunos
comenzamos a seguirlo, no consideramos que estábamos dejando nuestra antigua
religión, más bien sentimos que la estábamos resucitando.
Srila Prabhupada nos decía que no había venido a cambiarnos de religión,
sino a enseñarnos a practicarla en forma verdadera.
El llegó con un nuevo concepto, con el concepto del «sanatan dharma» o
la religión eterna y esencial de nuestro ser, que es el servicio amoroso a Dios. "Esto
es lo que debe enseñarnos toda
religión," nos dijo Srila Prabhupada.
Si alguien, por ejemplo, quiere saber medicina, no importa mucho en qué
universidad autorizada hace sus estudios, lo importante es que en verdad aprenda
la ciencia y cure a sus pacientes. Es
raro que sepamos dónde cursó sus estudios nuestro médico, nos interesa más
saber si nos puede sanar o no. De
la misma manera la finalidad de la religión es despertar el amor por Dios
dormido en nuestro corazón. Eso es
lo que será analizado en el momento final: cuánto amor hemos desarrollado por
Él. En el mundo espiritual no hay distintas denominaciones
religiosas. Ahí sólo se
encuentran quienes alcanzaron amor puro e indiviso por Él. Por ello, con un espíritu amplio y científico debemos
buscar y enriquecernos con las distintas realizaciones espirituales fidedignas
con las que Dios ha bendecido a la humanidad al revelarse graciosamente a ella
¿ Cómo uno puede despreciar una revelación del Señor sólo porque se dio en
otra cultura o hemisferio ?
Debemos ser profundos y esenciales en nuestras apreciaciones y estar
dispuestos a rescatar la perla incluso de un lugar sucio. Este espíritu de amplitud y reconciliación lo encontramos también en la iglesia católica
en su declaración «Nostra Aetate»
del Concilio Vaticano Segundo donde dice: (La
Iglesia Católica) por consiguiente, exhorta a sus hijos a que con prudencia y
caridad, mediante el diálogo y la
colaboración con los adeptos de otras religiones, den el testimonio de la fe y
la vida cristiana; y que reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes
espirituales y morales, así como los valores socioculturales, que en las otras
existen ". No podemos limitar la gracia del Señor a un solo libro, un solo pueblo, sociedad, momento histórico, ni institución religiosa. En el tiempo eterno y en la infinita creación del Señor, él siente un profundo amor por todos sus hijos y siempre trata de rescatarlos, de despertarlos de la ilusión de este mundo pasajero, y de llevarlos a la realidad de una dulce y eterna relación amorosa con Él. Los Vedas dicen que este intento de salvación de parte del Señor es ilimitado. Tantas veces como hay olas en un río el Señor envía a sus hijos o representantes, o viene él mismo de acuerdo con el tiempo y la necesidad, nos dicen estas escrituras. Los Vedas han llamado «Avatara» a estas encarnaciones de la divinidad que descienden con el fin de liberarnos. «Ava» significa el que desciende, y «tara» el que nos ayuda a cruzar el oceáno de miserias. Encontramos que hay distintos tipos de avataras como los Purusa Avataras que son formas del Señor Visnu encargadas de la creación de los universos materiales, tenemos los Guna Avataras encargados de la creación, manutención y destrucción de los mismos; los Lila
Avataras son encarnaciones del Señor para llevar a cabo una tarea especifica o
juego trascendental, los Yuga Avataras descienden en cada una de las cuatro
yugas o eras por las que pasa en forma periódica cada universo, tenemos también
los Saktyavesa Avataras que son almas emponderadas en forma especial
por el Señor para despertar la conciencia espiritual en el corazón de sus
hermanos, etc. Son muchos los tipos
de Avataras del Señor mediante los cuales Él manifieste su gracia infinita y
su continua preocupación por cada uno de nosotros.
De esta manera, con un espíritu abierto y sincero
debemos aprender a rescatar lo mejor de cada tradición religiosa, y tomando
refugio bajo la guía de un maestro autorrealizado y competente, debemos
estudiar la ciencia de la devoción y de la dedicación a Dios, mediante la cual
podremos hacer nuestras vidas perfectas. Es bien sabido que los devotos de Krshna siguen una
dieta vegetariana. Más que por
salud o economía, por religión.
Todas las religiones fidedignas nos piden «no matar», y nos
traen un mensaje de paz y hermandad. Algunos se burlan diciendo que en la India la vaca es
sagrada. Ellos olvidan que para un
verdadero espiritualista no solo la vaca, sino que «todo» es sagrado.
Sabemos que San Francisco fue capaz de conversar con un lobo y de
salvarle la vida. Por supuesto las
personas comunes sólo pensaban en cómo matarlo, pero la visión de un santo es
diferente. El ve a todos como
entidades espirituales, hijos de Dios. Por algo Él se refirió como al "hermano lobo." El señor Chaitanya nos instruyó en EL sendero de la
humildad. Él dijo que debíamos
considerarnos inferiores a una hoja de pasto, si queríamos cantar siempre el
santo nombre. Un devoto debe tener
la capacidad de apreciar la presencia de la divinidad en todo, pues todo ha
emanado de Él. Es una cuestión de
sensibilidad y de realización. Mientras
más ateo sea el hombre, menos respeto tendrá por la vida.
Mientras más crezca en espiritualidad, más será su respeto hacia todo
lo creado, pues tendrá la capacidad de ver todo como la manifestación de la
voluntad de Dios. La enseñanza bíblica también nos inspira por una
dieta de respeto a la vida. Es
innegable que la alimentación vegetariana fue la que mantuvo
el hombre en el paraíso, la que practicó Daniel y sus hermanos, y la
misma que siguió Jesús (leche y miel será su alimento, para que sepa conocer
lo bueno-Isaías). Además el
cuarto mandamiento ordena «no matarás». Hay suficientes pruebas de que los
primeros cristianos no sólo fueron vegetarianos sino que recomendaron esta
alimentación a sus otros hermanos. Por
ejemplo, escribiendo acerca de los primeros cristianos, San Juan Crisóstomo,
del siglo tercero observó: «No
existen manchas de sangre en ellos, no matan animales ni cortan carne, ni hay
allí la horrible fetidéz de la carne, ni desagradables olores en la cocina.
Con sus almuerzos de frutas y vegetales, incluso los ángeles del cielo,
como ellos lo perciben, están felices y complacidos.»
Este mismo santo consideró: «Imitamos
a los lobos y a los leopardos, e incluso somos peores que ellos. Porque la naturaleza les ha asignado esos alimentos, pero a
nosotros Dios nos ha honrado con el habla y el sentido de la equidad, y aun así
somos peores que las bestias salvajes.» San Jerónimo, autor de la Vulgata o la traducción de
la Biblia al latín que aún se usa hoy en día, le escribió a un monje en Milán,
que había dejado el vegetarianismo argumentando que después del diluvio el
comer carne había sido permitido. Él
le respondió que de acuerdo a Jesús el divorcio también era permitido bajo la
ley de Moisés, debido a la dureza del corazón humano, pero que esa nunca había
sido la intención de Dios en el principio, y que como Cristo venía a restaurar
todas las cosas, ya no era permitido ni el divorcio ni el comer carne. En su homilía a Mateo 22:1-4, San Juan Crisóstomo
observó: «Nosotros, los líderes
cristianos, practicamos la abstinencia de la carne de animales para subyugar
nuestros cuerpos... la alimentación antinatural de la carne es de origen demoníaco...
comer carne es contaminante...» Además
dijo: «el comer carne y beber vino
incitan a la sensualidad, y son una fuente de peligro, de aflicción y de
enfermedad.» También Séneca, del siglo quinto, filósofo estoico,
era un firme vegetariano. Él inició
un movimiento de esa índole en la Roma de Nerón, mas debió abandonar esta práctica
pues estaba bajo la sospecha del emperador, de que por seguir dicha costumbre,
él podría ser un cristiano. Por
esta razón se vio obligado a volver a la carne.
Él escribió: «Ciertas
religiones extranjeras (la cristiana), se han vuelto el objeto de la sospecha
del imperio, y entre las pruebas de adhesión a esta cultura extranjera es la
abstención a comer carne. Por el
ansioso pedido de mi padre entonces, tuve que volver a mis viejos hábitos
alimenticios.» Plinio, gobernador de Bithynia, escribió a su
emperador Trajan, acerca de las prácticas de los primeros cristianos:
«...Ellos dirigen una oración a Cristo como si fuese un dios,
comprometiéndose a no cometer pecados y a nunca mentir, ni a negar una verdad,
después de lo cual acostumbran comer juntos, pero un alimento inocente y común.» Sin embargo es preponderante la idea entre algunos
cristianos de que Dios creó al hombre para que disfrutara las cosas del mundo.
Esta es una idea muy antropocéntrica y por lo tanto egoísta.
Más bien el Señor le dio soberanía al hombre para que sirviera a sus
hermanos menores por darles la protección necesaria, y no para que abusara de
ellos maltratándolos... « Como
encontramos en Juan 3,16: «Porque
Dios amó tanto al mundo (no sólo a la humanidad), que envió a Su propio
hijo...» El Reverendo Norman Vincent Peale declaró:
«Pienso que una persona no puede ser un verdadero cristiano si al mismo
tiempo maltrata a los animales...» Por supuesto podríamos reunir aquí miles de citas
similares que son lógicas y concordantes con cualquier espíritu religioso.
¿Pero entonces, porqué el mundo así llamado cristiano ha permitido el
establecimiento de miles de mataderos en el mundo, donde miles de animales
inocentes son masacrados con el único fin de satisfacer apetitos glotones? El cardenal católico John Henry Newman, escribió en
1870 que «la crueldad hacia los animales es como si el hombre no amara a Dios.
Ellos no nos han hecho daño, no tienen capacidad de resistirse...
Hay algo tan espantoso, tan satánico, en atormentar a aquellos que nunca
nos hicieron nada malo y que no pueden defenderse por sí mismos.» ¡Gracias a Dios!, escribió John Wesley, el fundador
del Metodismo, al obispo de Londres en 1747,
desde que dejé la carne y el vino me he aliviado de todas mis dolencias
físicas. Wesley también era
vegetariano por razones espirituales.
Él basó su vegetarianismo en la profecía bíblica referente al Reino
de Paz, en el cual ninguna criatura iba a matar, ni a robar, ni a causar dolor a
otra en la tierra. El doctor John Harvey en su libro «La Dieta Natural
del Hombre» en 1923, escribe: «Si
la Biblia apoya el comer carne, también apoya la poligamia, pues todos los
patriarcas tuvieron varias esposas y concubinas. Pero la ética cristiana propone un retorno al ejemplo del Edén
como lo más idóneo. Adán, en su
período en el paraíso, era tanto monógamo como vegetariano.» El reverendo J. Tyssul Davies escribió:
«En mi posición de Ministro Cristiano, tuve que tomar mi decisión.
Mi paladar estaba por el lado de la costumbre, y mi intelecto buscaba lo
más ventajoso, pero mi raciocinio superior y mi conciencia no me dejaron más
alternativa. Nuestro Señor vino a
dar vida y no lo estamos siguiendo al quitarla en forma innecesaria. Y de esta manera me vi forzado, en contra de mi deseo, a
dejar la carne.» «Querido Señor, comenzaba la oración de Albert
Schweitzer, por favor protege y bendice a todos los seres vivos.
Protégelos del mal y permíteles dormir en paz.»
Este notable cristiano protestante, vegetariano, filósofo, músico,
escolástico y doctor misionero en África, ganó el Premio Nobel de la Paz en
1952. A través de estas declaraciones podemos percibir el espíritu
natural de un corazón cristiano. Es
imposible imaginar a Cristo matando a un cordero o a una vaca, justamente a los
primeros seres que lo abrigaron en el pesebre.
El principio de sensibilidad debe prevalecer en nuestra vida, de lo
contrario estaremos siempre lejos de poder comprender el sensible y amoroso plan
de Dios. Siempre que nuestro maestro espiritual conversó con
lideres de diferentes agrupaciones cristianas les pidió que dejaran de lado el
consumo de carne.
Por estas acotaciones podemos ver que la idea de muchos pensadores y
santos de ese credo fue el de abstenerse de ese mal llamado alimento.
Ya ha sido demostrado además, citando la misma Biblia, que Dios y los
profetas dispusieron una dieta
vegetariana para el hombre. En una
conversación de nuestro maestro espiritual con el monje benedictino Emanuel
Jungclaussen, le dijo: «Si los
cristianos quieren desarrollar amor por Dios deben parar la matanza de animales
y cantar el nombre de Cristo. Así
todo será perfecto. Dijo
también Dios: «Ahí os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la faz de la
tierra, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan
de alimento»; (Genesis 1.29), (ver Isaías
11,6-9, Mateo5,38-48). No he venido
a enseñarles, sólo a pedirles que canten el nombre de Dios.
La Biblia también les pide esto. De
esta manera, por favor cooperen y canten. Los
cristianos deben cantar el nombre de Cristo y prohibir la matanza de animales...
Este programa está basado en la enseñanza de la Biblia, no es mi
filosofía. Por favor hagan esto y verán cómo la situación del mundo
va a cambiar.» El alimento además de vegetariano debe ser ofrecido al Señor, para que se espiritualice. Ya que todo lo tomamos de Dios, debemos agradecerle el alimento que nos da. De lo contrario actuaremos como un ladrón. En la Conciencia de Krsna la comida ofrecida con amor al Señor es llamada «prasadam» que significa misericordia. El alimento, antes de ser ofrecido a Dios es llamado «bhoga», o aquello que está destinado a ser disfrutado. Si se come sin ofrecerlo a Él, es un pecado, se ingiere karma, pues muchas entidades mueren cuando se enciende el fuego y se cocina, y también ocupamos algunos vegetales que tenían vida, sin embargo, cuando son ofrecidos a Dios, sus espíritus se benefician.
LA INTOXICACIÓN
Otro tema importante es éste de la intoxicación.
En toda práctica de yoga se le exigirá al estudiante mantener su cuerpo
y mente equilibrados, lúcidos y sanos. De
lo contrario le será imposible tener acceso a las verdades superiores.
El yogi ya está esforzándose por liberarse de la embriagante ilusión
de este mundo, de la influencia de maya o la energía ilusoria que nos hace
buscar el placer y la verdad en las cosas superficiales y efímeras.
Él está luchando por descubrir su verdadero yo y se aplica seriamente a
su búsqueda interna. No puede haber verdadera realización espiritual donde se
permita la satisfacción de apetitos inferiores como el de la intoxicación.
Los maestros de yoga nos dicen que por intoxicarse el hombre pierde su
capacidad de hacer austeridad y su fuerza de voluntad.
No encontraremos mayor discusión sobre este tema entre los devotos de
Krsna. Tristemente algunos cristianos aprueban el consumo del
alcohol diciendo que Cristo tomó vino, y de esta manera abren las puertas a
todo tipo de bebida embriagante, qué decir de los estimulantes como el té y el
café, que crean dependencia, así como también el feo vicio del cigarro. Sin embargo ha sido probado que Cristo nunca tomó
vino. El reverendo Alvin V. P. Hart
dice a este respecto: «En los
tiempos bíblicos a todo fruto de la vid se le llamaba vino, estuviera
fermentado o no. Esto es lo que
varios estudiosos están diciendo ahora. Hay
trece palabras en Hebreo y Caldeo, y cuatro en Griego. La palabra más común en Griego era oinos.
Sin embargo, éstas hacían referencia al jugo de uva.
En el Septuagint, la versión Griega de la Biblia, la palabra Hebrea para
jugo de uva es traducida treinta y tres veces como la palabra Griega oinos.
Palabra que también se usaba para indicar otros tipos de jugos, como de
dátiles, etc. Esto es lo que ya
está en conocimiento entre los estudiosos del Antiguo Testamento.
El profesor Samuel Lee, de Cambridge, por ejemplo, admite que en los
tiempos bíblicos esta palabra no hacía referencia a un licor intoxicante
producido en base a la fermentación. Más
bien se refería a un jugo que se preservaba por un proceso de ebullición.
Por esta razón no debemos pensar que los profetas bíblicos aprobaron
tomar vino. El vino en
aquella época consistía en jugo de uva sin fermentar.» Por otro lado podemos encontrar varias citas en la Bíblia
que nos previenen en contra del vino. No
es entonces correcto pensar que Cristo alguna vez lo hizo. A modo de ilustración citamos Proverbios 23,20:
«No seas de los que se embriagan con vino, ni de los que se agitan con
carne». Y más adelante en
23,31-32: «No mires el vino:
¡Qué buen color tiene! ¡Cómo brinca en la copa!
Pero a la postre, como serpiente muerde, como víbora pica.»
«¡Ay de los campeones en beber vino, de los valientes en escanciar
licor!» Isaías 5,22.
Nuevamente citando al reverendo Hart «El sacerdote y el profeta se tambalean con la bebida
fuerte, están confundidos por el vino, titubean por la bebida fuerte; sus
opiniones se equivocan, y erran al dar sus juicios» (Isaías 28.7).
Cuando el arcángel Gabriel anunció a Zacarías que su esposa daría a
luz un niño le dijo: «El será grande a los ojos de Dios, no beberá vino ni
otras bebidas fuertes. Estará
lleno del espíritu, incluso desde el vientre de su madre...» Este niño desde luego sería Juan el Bautista. Nos parece que en este punto ambas tradiciones
religiosas, tanto la Conciencia de Krsna como el Cristianismo, pueden darse
nuevamente la mano, a la luz de una misma convicción. NO VIDA SEXUAL
ILICITA
En la Conciencia de Krsna se nos enseña que la
finalidad del sexo es la procreación y no la búsqueda de satisfacción o
disfrute. Al igual que la finalidad
de la alimentación es nutrirse, más que tratar de disfrutar de platos
deliciosos que a la postre nos enferman. Todo
en la vida tiene un propósito científico y profundo, incluso en la existencia
de cada animal e insecto, qué decir de cada función en la vida del hombre.
Pero por influencia de la ilusión tomamos las cosas con mucha inmadurez
y pensamos que todo nos fue dado para disfrutarlo ahora.
Esa es un conciencia infantil. El
niño ansía la hora de recreo y le cuesta considerar la seriedad de las cosas. Vemos que el acto sexual no es algo que se puede tomar
a la ligera. Si fuera así no sería
necesario tanto cuerpo legal para autorizarlo o castigarlo.
Es un hecho que deja grandes marcas en nuestra siquis y por ello está
restringida su conversación o ilustración sólo para determinadas edades.
Si el sexo se practica en forma liberal trae como consecuencia la
enfermedad física, moral y espiritual. La
capacidad mental disminuye y se sufre de una obsesión constante por obtener un
placer que nunca se concreta. Hoy en día existe la crisis del matrimonio.
Una de las causas principales es la frustración en la relación sexual,
la cual trae como consecuencia el adulterio y de allí la separación.
Esto es porque la pareja se hace muchas ilusiones de satisfacción mutua
que en última instancia están basadas en la mera atracción sexual.
Pero el ser humano es mucho más que eso. Su conciencia, la necesidad de su corazón, no se satisface sólo
con este acto. En definitiva esta
actividad trae un limitado placer de unos minutos, que en contraposición con
los tantos años de responsabilidad que uno debe asumir, cuando vienen los
hijos, deberíamos más bien detenernos un poco y pensar si en verdad debería
buscar la satisfacción sexual, o debemos analizar cual es su verdadera
finalidad y guiarnos bajo nuevas directrices. El gran santo Prahlada, comparó esta relación con el
placer que se siente al rascarse una picazón.
Existe cierto alivio al rascarse, pero después la picazón vuelve con más intensidad. Por ello es bien sabido que en una situación así, conviene
más tolerar esta sensación que
rascarse. Lo mismo sucede con la
vida sexual. Por la práctica de ésta
forma irresponsable se pierde el respeto entre la pareja, crece el sentido de
explotación y se pierde la comprensión y la amistad. Uno puede tener relación con una prostituta, pero la amistad
es algo más especial y exclusivo. Por
ello es una falacia presentar el acto sexual en sí como la gran manifestación
del amor. Más bien, cuando después
de conocerse suficientemente, y saber que comparten los mismos ideales, deciden
formar una familia, sólo allí el
sexo tendrá un sentido y podrá ser bendecido por Dios, si los hijos son
deseados y orientados en el crecimiento espiritual. Podemos decir que el sexo es la actividad más
importante, en el sentido de que a través de él, un ser humano será formado.
En este mundo alguien se vuelve muy importante si fabrica autos, cocinas,
armas, remedios, si construye edificios, etc.
Pero nada es tan valioso como un cuerpo humano, como un ser humano. Incluso si uno siembra papas y las cosecha podrá ser un
terrateniente prestigioso. ¿Qué
decir entonces de traer a un ser humano? Por
lo tanto esto debería ser una verdadera ciencia. La ciencia mediante la cual voy a determinar a quien traeré
a vivir a mi casa. A
veces un empresario pide todo tipo de antecedentes antes de contratar a un
empleado, o una ama de casa pide todo tipo de garantías antes de aceptar a una
asesora en su hogar... Esta es una
ciencia cierta, conocida y practicada en la cultura Védica y que el devoto
conciente de Krsna sabe utilizar. La relación sexual debe hacerse con el objeto único
de procrear, en un momento propicio y con una conciencia purificada por el canto
del santo nombre. Esto nos permitirá
traer a un alma especial al hogar. Krsna
dice en el Bhagavad-gita que Él mismo es el sexo que se hace de acuerdo a los
principios religiosos. De hecho Él
mismo lo creó, pero como todas las cosas que Él crea, lo hizo con un propósito
superior. Pero para el hombre que
no está familiarizado con las escrituras, ni con las almas autorrealizadas que
conocen la verdad, las cosas no tienen otro fin más que su complacencia
superficial y egoísta. De más está decir que el espíritu del Cristianismo
también se enfoca por este ángulo. Luchando
contra los males de la relación liberal e ilícita que trae como consecuencias
el horrible aborto, tantas enfermedades como el fatal Sida, la legalización del
divorcio, escenas de suicidio y violencia, alcoholismo y drogadicción, la
prematura disolución de las familias (por los hijos jóvenes que practican el
sexo ilícito), la pornografía, etc. El mismo Jesús practicó la absoluta castidad y este ejemplo
fue seguido tanto por los apóstoles como por muchos otros santos que los
sucedieron. En nuestro capítulo de las citas de la Biblia, hemos seleccionado
algunos versículos con respecto a este tema. Nuestro maestro Srila Prabhupada nos enseñó que la práctica
de la castidad o de una sexualidad religiosa y lícita nos ayuda a desarrollar
la limpieza de la conciencia o del espíritu, nos ayuda a comprender que en
realidad no somos estos cuerpos y que podemos encontrar satisfacciones mucho
mayores en el desarrollo de la conciencia espiritual.
La felicidad verdadera que todos añoramos no es algo tan barato.
Es lo más elevado y escaso en este mundo.
Está basada en el reconocimiento de que somos seres espirituales y en la
relación subsecuente que debe existir de esta comprensión. LOS JUEGOS DE AZAR
Tahúr, embaucador, jugador, tramposo, timbero, son
algunas de las designaciones para referirse a quienes están atraídos a los
juegos de azar. Es un hecho que ha
traído grandes desgracias a familias completas, el que un sólo miembro de ella
haya sido adicto al casino, las carreras de caballos, las cartas, etc. Es doloroso ver cómo incluso los niños y jóvenes
pierden su valioso tiempo en los videos, echando una ficha tras otra, fumando,
etc, en un ambiente estridente saturado de pasión y tendencias violentas.
Desde pequeños ya son educados a buscar satisfacción en una máquina y
en los objetos de los sentidos, pero muy rara vez se les incentiva a conocer
algo acerca de la naturaleza espiritual que los constituye. Nuestro maestro espiritual prohibió por ello los
juegos de azar, por considerarlos una fuente de corrupción, de necedad y de
ilusión. Dijo que por evitarlos el
hombre desarrolla la veracidad y aprende a vivir la realidad que le corresponde.
Pensamos que el mundo Cristiano no puede más que concordar con estas
opiniones, porque la realidad misma nos muestra las graves consecuencias de esta
práctica. El deseo por riqueza
inmediata es contrario al espíritu de la enseñanza del Nuevo Testamento. Jesús enseñó a las multitudes a buscar los tesoros eternos
del cielo en lugar de la ganancia temporal y terrena. Él insistió en el autosacrificio y en la renunciación a
las posesiones materiales, a los lazos familiares y a los deberes con el mundo.
(Mateo 6.19-21, 6.24-34, 8.21-22, 10.34-39, 19.20-21, 29; Lucas 9.57-62,
12.51-53, 14.25-26,33). Jesús no estaba interesado en discusiones sobre dinero
y propiedades (Lucas 12.13-14). Enseñó
que la vida es para algo más que para acumular cosas materiales.
Condenó a aquellos que atesoran para sí pero que no son ricos para Dios
(Lucas 12.15-21). EL CANTO DEL SANTO
NOMBRE
En el Bhagavad-gita, cuando Sri Krsna define a las
grandes almas o mahatmas comienza por describirlas como " siempre ocupados
en cantar Su nombre y Su gloria," Bg 9.14; también declara que «de los
sacrificios Yo Soy el canto del santo nombre» Bg.10.25. Otra escritura Védica
muy importante, el Srimad Bhagvatam, repetidamente enfatiza la meditación en el
Santo Nombre, entre sus muchas menciones dice:
«El servicio devocional, comenzando con el canto del Santo Nombre del Señor,
es el principio religioso último para la entidad viviente en la sociedad
humana.» S.B.6.3.22. Siguiendo este principio nuestro maestro espiritual
Srila Prabhupada recomendó a sus discípulos siempre cantar el nombre de Krsna,
esto de acuerdo a la instrucción dejada por el mismo Señor, como acabamos de
citar. Muchas veces los devotos de Krsna en occidente han sido
criticados por estar constantemente ocupados en la repetición del mantra (oración)
Hare Krsna, (Hare Krsna, Hare Krsna, Krsna Krsna, Hare Hare, Hare Rama, Hare
Rama, Rama Rama, Hare Hare). Estas
críticas incluso a veces se han
alzado como con voz de alarma acusando a este proceso genuino y milenario como
de «lavado de cerebro». A este
respecto nuestro maestro espiritual decía «sí, les estamos lavando el cerebro
porque se han ensuciado con la contaminación material.
Lo estamos limpiando de la envidia, del orgullo, de la lujuria, del egoísmo,
etc.» Consideramos que no podemos
negar la existencia de estas imperfecciones en nuestra conciencia y en verdad
estas son las que nos impiden tener acceso a un estado de sana felicidad
espiritual. No podemos empezar ningún proceso de vida espiritual
genuino sin antes sentirnos desconformes con nuestras propias realizaciones y
con nuestra propia forma de ser. Por
eso mismo, Jesucristo dijo: «Aborrécete
a ti mismo». La palabra mantra significa que esta oración viene a
liberarnos de nuestros condicionamientos mentales ilusorios por los cuales nos
identificamos con un nombre, cuerpo, educación, riqueza, belleza, posición
social, etc., temporales y que no tienen relación con nuestro verdadero ser. El mantra Hare Krsna en especial está definido como
"el gran canto de liberación. Los
santos de la India han afirmado en base a sus propias realizaciones que la
repetición continua de este mantra libera al alma de las coberturas temporales
ilusorias que acabamos de citar y la pone en conocimiento de su eterna y
bienaventurada posición como amorosa sirvienta de Krsna, etapa a la cual se le
denomina autorrealización. No les resulta extraño a los devotos de Krsna escuchar
estas críticas o que los tilden de secta.
En realidad ellos son una agrupación de personas voluntariamente
reunidas con el exclusivo propósito de llevar una vida pura y despertar el amor
por Dios como la meta máxima de la vida. Los
devotos de Krsna están continuamente invitando a sus hermanos a unirse en la búsqueda
y en la práctica de este gran ideal pero lamentablemente muchos de ellos los
rechazan, y mirando con desdén esta afectuosa invitación, los llaman
sectarios. Pero más bien una secta constituye un grupo de
personas que se aparta del interés y del bien universal.
Por ello uno de nuestros maestros se refirió a la «secta de los
materialistas», porque si observamos el mundo religioso, veremos que ellos
comulgan en un mismo ideal, que es despertar el amor por Dios, ideal que los superficiales
materialistas no comparten ni promueven. En Romanos 12.2, encontramos lo que podría semejarse a
este deseo de corregir y purificar nuestra mente. El versículo dice lo siguiente:
«No os acomodéis al mundo presente, antes bien transformáos mediante
la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la
voluntad de Dios: lo bueno, lo
agradable, lo perfecto.» Jesús
también previno a sus apóstoles que no esperaran ser queridos por el mundo,
pues el mundo sólo quiere a los suyos, y ellos no son de este mundo. Cuando conocimos a Srila Prabhupada encontramos
encarnado en él el espíritu de la dedicación absoluta al servicio amoroso,
que el salvador de Jerusalén quiso enseñar.
Ya un pensador dijo que «los santos son perseguidos mientras viven y
adorados después de muertos.» Con
esto no pretendemos ser tenidos por santos pero si probar que la naturaleza del
mundo en general ha sido rechazar a esas grandes almas que vienen a iluminarnos. Por otro lado es un hecho que sin una dedicación seria
y exclusiva nada de valor se puede alcanzar en este mundo.
Nada significativo podemos esperar de un científico, profesional,
artista e incluso de un deportista sino se aplican con entera dedicación, lo
mismo tendríamos que decir de quien seriamente recorre el camino de la
autorrealización. Tanto la ciencia
del yoga como la religión genuina se esfuerzan por elevar al hombre a una
relación de amor por Dios. Y como
bien sabemos el amor no tiene tiempo libre ni vacaciones. Por ello «Orad sin cesar» (1. Tesalonicenses 5,17) es
también el mandato bíblico. Y
nuevamente: «Ofrezcamos sin cesar
a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebre
su nombre» (Hebreos 13.15).
Porque como bien está dicho en Hechos 2.21 «Todo el que invoque el
nombre del Señor se salvará.» Por ello nos hacemos un gran mal al ofender a aquellos
que están dedicando sus vidas al canto del santo nombre del Señor.
En los Vedas este universo está comparado con un gran árbol lleno de
vida y su raíz es el Señor Supremo y aquellos que están dedicados a cumplir
su voluntad y a glorificar su nombre están regando esta raíz mediante la cual
todo se sostiene. No deberíamos
por lo tanto ofender a estas almas que están consagradas a nuestro propio bien
y al de los demás. Al regar
la raíz todo el árbol se nutre en forma natural y sencilla; de la misma manera
al adorar a Dios todo se vuelve auspicioso en el mundo.
Pero las personas en general tratan de mantener este árbol cuidando sus
ramitas y hojas, los que vendrían a ser los distintos esfuerzos de la política,
economía, tecnología, etc. En
base a esta idea los devotos de Krsna han dicho que ellos no admiten ningún
tipo de escasez más que la de la falta de servicio a Dios.
Nuestro maestro dijo que si tan sólo el uno por ciento del uno por
ciento de la humanidad comprendiera esta sencilla verdad y se dedicara al canto
del nombre del Señor este planeta sería un lugar celestial. El movimiento Hare Krsna se ha caracterizado por el
canto de los nombres del Señor en sus templos, comunidades agrícolas,
escuelas, en las calles, plazas, etc. lo que por supuesto se ha hecho siguiendo
la milenaria tradición de la cultura Védica.
Vemos también con placer a ciertos grupos cristianos glorificando al Señor
en distintos lugares al igual que nosotros. Ellos también han tomado inspiración en sus escrituras:
«Alabadle con clangor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara,
alabadle con tambor y con danza, alabadle con laúd y flauta, alabadle con címbalos
sonoros, alabadle con címbalos de aclamación.» (Salmo
150.3.5). Como explicábamos el canto del Santo Nombre puede efectuarse de dos manera, una individual y en murmullo y otra colectiva o en canto congregacional. Volviendo al estudio de los primeros cristianos tal como lo transmite el libro «La Filocalia», ellos practicaron asiduamente la repetición del nombre de Jesús. Su oración era: «Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí.» A este respecto Macario el Grande escribió:
«No existe otra meditación, a no ser el nombre saludable y bendito de
nuestro Señor habitando sin cesar en ti, tal como está escrito:
«Como golondrina cantaré, y como tórtola meditaré».
Eso es lo que hace el hombre piadoso que permanece constantemente en el
nombre de nuestro Señor. Marco
el Ermitaño escribió: «El
cumplimiento de todos los mandamientos está contenido en la oración, pues no
hay nada que sobrepase el amor de Dios.» Y
entre varias citas Barsanufio y Juan de Gaza dijeron:
«Nosotros, los imperfectos, tenemos sólo un recurso, refugiarnos en la
oración del nombre... Invoquemos
el nombre de Dios, no nos dejemos llevar por pensamientos orgullosos...
El nombre de Dios, cuando es pronunciado, destruye todas nuestras
pasiones sin que nos demos cuenta por el momento...
Llamemos sin tregua al nombre de Dios en nuestra ayuda.
He aquí la oración. Está
escrito: orad sin cesar. «Aquel que quiere purificar su corazón encontrará un
beneficio excelente en invocar constantemente el Santo Nombre».
Esta fue la recomendación de Hesiquio de Baxos, quien además aconsejó:
«En todo tiempo dediquémonos inseparablemente a ejercitar la invocación
del Señor Jesús, llamándolo con un corazón ardiente para entrar en comunión
con el Santo Nombre. Pues, en
materia de virtud como de vicio, la continuidad engendra el hábito, y el hábito
constituye una segunda naturaleza.» Filoteo el Sinaíta también dijo:
«Que aquel que ama la divina virtud se esfuerze a cada instante por
pronunciar el Nombre del Señor y por convertir en acción sus palabras con todo
el impulso que sea capáz.» Y Máximo
el Confesor: «El Apóstol
prescribe orar sin interrupción para que uniendo asiduamente nuestro espíritu
a Dios, le liberemos poco a poco de las ataduras con los objetos materiales.» Valgan estas citas nuevamente como prueba de la
hermandad que existe entre ambas tradiciones, la Vaishnava y la Cristiana.
Es costumbre ver a los devotos de Krsna con una bolsita en la mano
derecha, en ella lleva su rosario o japa donde repite el Santo Nombre en cada
una de sus cuentas. Este es un
medio por el cual los santos Vaishnavas nos
han facilitado la posibilidad de la meditación continua incluso entre los
quehaceres cotidianos. Tal vez esta
invocación en un principio no sea muy profunda ni seria, pero por su continua
práctica, se va perfeccionando en forma gradual.
Esta práctica obedece, aunque sea en un principio en forma primitiva, al
mandato de orad sin cesar. Sabemos
que en última instancia todo intento sincero de acercarnos a Dios será visto
con misericordia por los ojos del Supremo.
Por medio de la oración constante el corazón se va purificando hasta
que de él brota la oración pura imbuída en amor por Dios. Sri Rupa, un santo de la India del siglo XVIII, en su
valiosa obra «El Néctar de la Instrucción», nos dice acerca de la
importancia de la repetición continua del nombre:
«El Santo Nombre, los Pasatiempos y las Actividades de Krsna son
trascendentalmente dulces, como el
azúcar cande. Aunque la lengua de
quien padece de la ictericia de la
ignorancia no pueda saborear nada dulce, es maravilloso que por sólo cantar
cuidadosamente estos dulces nombres todos los días, se despierte un gusto
natural en la lengua, y la enfermedad quede gradualmente erradicada por
completo. Una recomendación similar encontramos en las palabras
de los Padres del Desierto: «Cuando
una oración continua y sincera os haya apartado de la ambición terrestre,
cuando hayáis eliminado todo pensamiento extraño y estéis totalmente fijos en
el sólo recuerdo de Dios, entonces se elevará en vosotros el amor de Dios.
Pues la exclamación tierna de la oración del Nombre hace brotar el amor
de Dios». (Teolepto de Filadelfia). Puede resultarnos extraño escuchar que la repetición
de una oración tan corta y sencilla sea suficiente para llevarnos a un logro
tan elevado. Sin embargo, esto lo
encontramos confirmado una y otra vez en los escritos de muchos que alcanzaron
la santidad o la autorealización. Nuestro
maestro espiritual Srila Prabhupada comparó el canto del mantra Hare Krsna con
el llanto de un niño, a cuyo llamado ninguna madre se puede resistir.
El dijo que el canto de este mantra tendrá efecto positivo, incluso si
no comprendemos bien su significado, «es como tomar una medicina, que nos cura
aún sin que sepamos de la fórmula que la compone.» En las enseñanzas de los Padres del Desierto
encontramos una recomendación idéntica a la que nos han dejado los santos de
la India. Juan Climaco dijo: «Que vuestra oración ignore toda multiplicidad...¡Cuántas
veces los balbuceos simples y monótonos de los niños conmueven a su padre!»
También el monje Elias compara su oración con el simple maná del
desierto «cuya uniformidad sustrae a los impacientes los bienes de la promesa,
pero procura a aquellos que soportan pacientemente este alimento monótono, el
gusto excelente y perdurable.» Y en la actualidad en la obra «El poder de la oración»
del sacerdote jesuita Di Melo, recomienda enfáticamente la repetición de una
oración simple y concisa. Con
respecto a la importancia de este tipo de oración este sacerdote nos dice:
«Descubrí que esta práctica no era exclusiva de las iglesias
orientales, sino que también ha tenido seguidores en muchos místicos de
occidente... De San Francisco de
Asis sabemos que se pasaba noches enteras diciendo:
¡Deus meus et omnia! (Dios mío y de todas las cosas).
San Bruno, el fundador de los Cartujos, no cesaba de decir:
¡Oh bonitas! (Oh bondad de Dios). Cuando
San Francisco Javier agonizaba frente a las costas de China, repetía una y otra
vez: «Señor Jesuscrito, hijo de
David, ten compasión de mí»... Es
casi seguro que esta práctica de la iglesia tiene su origen en los hindúes de
la India, que tienen una experiencia de más de seis mil años en la práctica
de la «Oración del Nombre», como ellos la denominan. Sea como fuere, apenas
cabe dudas de que los Padres del Desierto practicaban esta forma de oración, y
la fórmula más empleada por ellos era: "Dios mío, ven en mi ayuda; Señor,
apresúrate a socorrerme". Solían
recitar esta fórmula durante las horas de trabajo manual, o a lo largo del día,
y durante la noche, cuando velaban. (Párrafo
tomado del citado libro, pag. 109). En la página siguiente, el autor nos dice que la fórmula
u oración que escojamos debe ser repetida hasta que ésta «se
meta en la sangre, por así decirlo, y se convierta en un verdadero hábito
mental... no os preocupéis si os parece que repetís la fórmula de un modo mecánico.
En seguida os explicaré el valor de lo que parece no ser más que la
recitación mecánica de una fórmula carente de sentido...»
(Esto último nos parece haberlo explicado ya suficientemente).
Al leer esta obra del autor jesuita, podemos encontrar claramente puesto
el énfasis en la repetición de una oración breve, fórmula o mantra.
Incluso invita al lector a enriquecerse con la experiencia personal de
este tipo de meditación. El autor
también hace una presentación de la Filocalia mediante la cual intenta revivir
el mismo espíritu de los Padres del Desierto.
En otras palabras, quiere llevar al lector a las raíces de su doctrina,
que como podemos apreciar, es sorprendentemente idéntica a las prácticas de
los devotos de Krsna en su línea de bhakti yoga o yoga devocional. Vemos con felicidad coronados con éxito nuestros
esfuerzos de encontrar la igualdad y la hermandad entre ambas tradiciones
religiosas, que guardan como su más puro objetivo el despertar el amor por Dios
en el corazón. REENCARNACION EN
AMBAS TRADICIONES
No es novedad para nosotros que tanto la filosofía
como la religión de la India y del oriente en general sustentan la reencarnación
como un hecho evidente. Sri Krisna
mismo nos da prueba de ello en su Bhagavad-Gita, donde dice:
«Así como en este cuerpo el alma encarnada pasa continuamente de la niñez
a la juventud y luego a la vejez, así mismo el alma pasa a otro cuerpo en el
momento de la muerte. A la persona
autorrealizada no la confunde tal cambio» (B.G. 2.13) Este es sólo uno de los tantos textos en que el
Bhagavad Gita explica el proceso de la reencarnación. Lo primero que Sri Krsna quiere hacernos comprender es que no
somos este cuerpo, sino el alma espiritual que habita dentro. El cuerpo, nos dice Krsna, al igual que una vestidura,
cubre al alma, pero cuando envejece, ésta lo cambia por uno nuevo.
En especial en el principio de Su instrucción Sri Krsna deja
claramente establecida la diferencia entre el cuerpo y el alma. Este cuerpo se divide en burdo y sutil y está constituído
de energía material externa. El
alma, por otro lado, es energía espiritual y dota al cuerpo de conciencia.
La prueba sencilla de esto es la muerte, que significa la ausencia del
alma en el cuerpo. El común de la gente piensa que somos una combinación
de cuerpo y alma pero lo que nosotros observamos en realidad es que seguimos
existiendo como la misma persona a pesar de haber estado en cuerpos diferentes
desde que nacimos. Conservamos el
mismo nombre y el mismo número de identificación, esto es prueba de que somos
la misma persona, pero es un hecho, de que nuestro cuerpo está cambiando
continuamente, e incluso hemos existido antes y existiremos después de él. El cuerpo es comparado con el agua y el alma con una
gota de aceite; el agua puede arrastrar al aceite, pero éste nunca se mezcla
con ella. De la misma manera en
nuestro estado actual nuestra alma está condicionada por el cuerpo y se deja
llevar por él. Su conciencia
cubierta y confundida le hace creer que nace, envejece y muere, pero esas sólo
son transformaciones del cuerpo, y podemos sentir que nuestra conciencia está
limitada por ellas. Si en realidad fuésemos cuerpo y alma, dejaríamos de
ser junto con cada cambio de este cuerpo, pero esto es algo que no se da en
realidad. Para una madre ese hijo
que tiene en sus brazos será el mismo que después verá crecer.
Es muy importante tener bien en claro esta separación absoluta entre
cuerpo y espíritu. La única
vinculación que existe entre ambos es a través del concepto ilusorio que me
hace pensar que «yo soy este cuerpo». Pero cuando mi conciencia consigue cambiar y sacudirse esta
ignorancia ilusoria y puede declarar con convicción que «yo no soy este cuerpo
sino un alma espiritual, eterna y bienaventurada sirvienta de Dios», en ese
momento se ilumina con plena sabiduría y rompe por completo los nudos del
cautiverio material. En otras palabras, cuando el espíritu identifica su
ser con este cuerpo, su conciencia se materializa y se degrada, desarrollando
diferentes apegos por el placer de los sentidos y del mundo externo. Pero cuando
este mismo espíritu se concentra en su propia naturaleza y en su relación con
Dios, puede saborear en plenitud la
dulzura de la realización trascendental. Por ello encontraremos que todos los santos, en todos los
tiempos, nos invitan a alejarnos de los intereses del cuerpo y buscar satisfacer
el hambre del espíritu. Es fácil
comprender esto desde el punto de vista filosófico, pero es necesario tener una
verdadera realización de esto para poder vernos realmente libres de la sombra
de ignorancia causada por nuestra identificación corporal.
La comprensión cabal de esta verdad volverá al hombre un sabio y un espíritu
resuelto en la búsqueda de la verdad. Sócrates quedó inmortalizado en el Fedón por enseñar
a sus discípulos, y al mundo en general, su firme convicción de que él no era
su cuerpo y que después de su muerte su espíritu de filósofo, liberado de las
densas ataduras, podría elevarse y saborear esencias más sutiles. En resumen podemos encontrar en las enseñanzas de Sri
Krsna que el alma es inmortal, distinta del cuerpo y preexistente a él.
Es probable que estas dos últimas afirmaciones sean extrañas para un
cristiano de esta época. Mas a
este respecto, podemos citar las palabras del Señor dirigidas al profeta Jeremías: «Antes de formarte a ti en el vientre, Yo te conocía a ti;
y antes de que salieras del vientre, Yo te santifiqué, y yo te ordené a ti
como un profeta ante las naciones.» (Jeremías
1.4-5). Pablo le escribió tanto a
los romanos como a los efesios que Dios conocía a sus fieles y los favorecía
incluso antes de que el mundo fuese creado. (Romanos 8.29-30; Efesios 1.4).
Ambas citas evidencian el credo en la preexistencia del alma en la
cristiandad. Incluso los primeros cristianos que creían en ella fueron
conocidos como pre-existencialistas. Clemente
de Alejandría fue uno de ellos y escribió con interés acerca de lo que llamó
la Metemsomatosis «hemos existido desde el principio, -escribió Clemente en su
Stromata- porque en el principio estaba el Logos... y Él tuvo compasión con
nosotros desde el principio». Orígenes (185 al 250 d.C), fue uno de los padres de la
iglesia más sobresalientes. Su
influencia sólo puede ser secundada por San Agustín. Orígenes enseñó que Dios crea espíritus, y que todos los
espíritus son iguales. Todos
tienen libertad. Algunos caen en el
pecado, y se vuelven demonios. Este
proceso de crecimiento o de involución es continuo.
Un ser humano en el momento de la muerte, puede nacer como un ángel o un
demonio. Sostuvo que las diferentes
formas de vida corresponden a los diferentes grados de perfección e imperfección.
Todos los hijos de Dios son creados libres e iguales pero recibieron su
condición actual «como recompensa o castigo por la forma en la cual usaron su
libertad.» Orígenes afirmó que el alma por estar dotada de libre
albedrío siempre puede rendirse a Dios. De
allí la necesidad de la transmigración. La gracia divina fluye libremente, pero el alma debe
libremente dirigirse a Dios, con la finalidad de recibirla. En su libro III de Los Principios, cap. 5, escribió:
«Por alguna inclinación hacia el mal, ciertas almas toman cuerpos
primero de hombres; luego, debido a la asociación con
personas irracionales, nacen como bestias, de donde se sumergen al nivel
de plantas. Desde esa posición ellos se elevan nuevamente y son
reestablecidos en la posición celestial. Tanto Orígenes como Clemente de Alejandría, hablaron
de un estado intermedio, considerando que era de castigo, entrenamiento y
purificación. San Ambrosio, el
maestro de San Agustín, dijo que las almas esperan el fin del mundo en varias
«habitaciones», que varían de acuerdo con sus actividades en la tierra.
San Agustín enseñó que las almas de los hombres son juzgadas de
inmediato después de morir, y algunas van a un lugar de purificación.
Santa Catalina de Génova (1447-1510) enseñó que cuando uno muere, de
inmediato reconoce los impedimentos por los cuales no puede acercarse a Dios, y
por lo tanto voluntariamente se entrega a la purificación.
Todas estas ideas son compatibles con la reencarnación. En fechas más recientes, Sir William Jones, un
misionero cristiano del siglo XVIII
escribió: «Yo no soy hindú, pero
comparto la doctrina de ellos en lo referente a un estado futuro (reencarnación)
como incomparablemente más racional, más piadoso, y más apropiado para alejar
al hombre del vicio, que las horribles opiniones inculcadas por los cristianos
acerca de un castigo sin fin.» En realidad no podemos concebir la infinita gracia del
Señor junto a un estado de condena eterna.
A este respecto, el filósofo Francis Bowen, de Harvard, en su ensayo
titulado «Metempsicosis Cristiana» admitió:
«Una eternidad ya sea de recompensa o castigo, parece una ganancia
inadecuada para el breve período de prueba en la tierra.» Sólo mediante los conceptos de karma y reencarnación
podemos comprender claramente la justicia de Dios. En el evangelio encontramos a los apóstoles preguntándole a
Jesucristo si un niño había nacido ciego por causa de sus pecados o debido a los pecados de sus padres.
Por esta pregunta podemos entender que ellos tenían alguna idea de
reencarnación, o de que uno recibe un determinado tipo de cuerpo de
acuerdo a sus actividades pasadas. La
filosofía védica nos habla de karma como la ley de acción y reacción, que es
el principio de justicia universal de cuyas leyes la transmigración forma parte
de manera lógica y natural. Por
encima de este principio de justicia está el de la misericordia del Señor, que
constituye la única esperanza de salvación para el alma condicionada. El día que el cristianismo vuelva a las enseñanzas de
sus padres originales y pueda basar nuevamente su doctrina en la lógica del
karma y la reencarnación, sin duda podrá presentar a sus fieles un credo más
sólido, armonioso y liberado de los dogmas y misterios que lo suelen
ensombrecer. LA FUNCIÓN DEL
MAESTRO ESPIRITUAL
Es un hecho que si queremos
conocer en profundidad cualquier campo del desarrollo humano vamos a necesitar
la guía de un maestro. Tal vez en
un principio comencemos como aficionados o autodidactas pero en la medida en que
vayamos avanzando sentiremos la necesidad de un guía especializado, que al
mismo tiempo, será indicación de nuestro progreso. Este concepto de un maestro se origina en el cultivo de
las doctrinas espirituales donde al principiante se le pide sumisión, humildad
y obediencia. Jesucristo mismo se
mostró como el pastor que venía a guiar a sus discípulos,
los cuales debían ser mansos como corderos, dóciles a su santa
instrucción. Los Vedas también
nos dicen «si en realidad tienes un anhelo por conocer la verdad, debes
acercarte a un maestro espiritual competente, que conozca la escritura revelada
y haya tenido experiencia directa de la verdad.» Algunos piensan que aceptar un guru o maestro es un síntoma
de incapacidad, debilidad o incompetencia, de parte del aspirante.
Pero esta idea es tan necia como suponer que el alumno que más ansía la
compañía de su profesor es un estudiante incapáz.
Debemos analizar con qué espíritu, o porqué razón, un aspirante a la
verdad busca a su maestro . Si es
sincero encontraremos en él un profundo afán de avanzar con toda dedicación y
sin más pérdida de tiempo. El
quiere acercarse a la persona experimentada en la ciencia del progreso
espiritual y evitar así errores y contratiempos innecesarios.
Generalmente encontramos que quienes hacen este tipo de críticas no han
tomado con seriedad el sendero del perfeccionamiento
espíritual. En el Bhagavad Gita (4.34) Sri Krsna nos dice:
«Trata de aprender la verdad acercándote a un maestro espiritual, pregúntale
con respeto y ríndele servicio. Las
almas autorealizadas pueden impartirte el conocimiento, porque ellas han visto
la verdad." El maestro
espiritual debe ser un representante genuino de Krsna o Dios.
En otras palabras, debe ser un Vaishnava, es decir, alguien vinculado al
Señor Supremo, Vishnú o Krsna. El mandato védico es:" avaishnava, gurur na
syat," si no es un Vaishnava, no puede ser un Guru; pero:" vaishnava
svapacha guru," si alguien es un vaishnava él puede ser un maestro
espiritual, aun si ha nacido en una familia inferior o fuera de la India.
Esto es porque algunos piensan que el maestro espiritual debe pertenecer
a la casta brahmana o sacerdotal, y también consideran que un Gurú genuino
debe haber nacido en India, sin embargo, ni el linaje ni el lugar de nacimiento
son importantes, si no que el nivel de conciencia que el maestro espiritual ha
adquirido pues ese será el que recibirá su discípulo.
El maestro espiritual, como la palabra lo indica, debe instruirnos acerca
del espíritu, es decir, acerca de Dios, quien es el espíritu
supremo o parambrahman en el lenguaje védico. Vemos a muchos hacerse pasar por gurús, pero sólo le
trasmiten a sus seguidores fantasías mentales, sus supuestas experiencias de
viajes astrales en este mismo plano material y sus vuelos con distintas drogas.
Lamentablemente muchas personas que desean pagar un precio muy bajo y
poner el mínimo de empeño, se dejan embaucar por estos que se autodenominan
representantes de la verdad. El maestro espiritual genuino entonces debe conocer a
Krsna, debe ser reconocido por otros santos y debe venir de una cadena de sucesión
discipular autorizada. Estas tres
características fundamentales facilitan al buscador el poder reconocer a un
maestro verdadero. Vemos que Jesús, como un maestro genuino, también nos
vino a enseñar de la importancia de desarrollar amor puro por el Padre, él no
le dio mayor importancia a sus propios milagros y curaciones físicas, su interés
radical de hecho está fundamentado en el espíritu.
Y él también estableció una cadena discipular que inició con Pedro.
En los escritos de los Padres del Desierto el siguiente consejo está
dado, «Ve, apégate a un hombre que tema a Dios, entrégale tu voluntad a él,
y entonces recibirás el consuelo de Dios.»
También encontramos la siguiente recomendación de los mismos Padres:
«Ante todo, piensa en renunciar según la divina sentencia a todo lo
mundano y abrazar la sumisión verdadera y perfecta.
Luego busca con gran celo un guía y maestro libre de error (si acata la
escritura, no puede errar) que esté henchido de pensamientos elevados, pero que
sea de corazón humilde. Una vez
que lo hayas encontrado, síguelo de cuerpo y alma, como un hijo amante de su
padre. Luego haz de ponerte enteramente a su escucha y confiar en
sus normas; míralo como al mismo Cristo, no ya como a un hombre y arroja lejos
de tí toda desconfianza y toda duda.» Y el contemporáneo monje Trapense
Thomas Merton describe al padre espiritual cristiano o al director espiritual
como uno que está encendido por el Espíritu Santo.
De acuerdo con Merton tal persona debe ser un líder carismático,
caracterizado por la devoción a Dios. En
segundo lugar debe ser un hombre experimentado, que ha luchado con las
realidades de la oración y la devoción en medio de la vida mundana.
Tercero, debe ser un hombre de conocimiento y firmemente situado en las
escrituras. Sólo una persona con
estos atributos puede esperar ayudar a otros.
«En base a esta afirmación de Merton, podemos ver que el criterio
referente a las cualidades del maestro espiritual es idéntico en ambas líneas
religiosas. Y como hemos dicho, la
importancia y necesidad de éste será evaluada de acuerdo a la seriedad de los
aspirantes. TESIS, ANTITESIS Y SINTESIS DE: "YO SOY, LA VERDAD EL CAMINO
Y LA VIDA" La manifestación y la fe en el Poder Divino de salvar
a un sitio en particular, implica que el poder de salvación debe existir en
todas partes. La fe en Dios, en su
hijo o el maestro espiritual de cualquier religión, por así decirlo, implica
el amor del Señor por todos y no puede excluir a ninguna de sus criaturas.
En consecuencia, todos los reclamos sectáreos de tener el monopolio de
la verdad, de la misericordia de Dios o su iglesia, es síntoma de absoluta
ignorancia y es indicio de motivaciones mundanas.
En el Vaishnavismo se trasciende esta problemática con la explicación
de la reencarnación (la infinita cantidad de oportunidades), el énfasis en la
pureza y la sinceridad como instrumentos escenciales para la realización. Sri
Krsna dice en el Bhagavad-Gita (6.40) «Oh Arjuna, hijo de Pritha, quien se
dedica al bien nunca será vencido por el mal».
Además sabemos de la presencia de Dios en el corazón de toda entidad
viviente como testigo y bienqueriente en la forma del Alma Suprema. Quien no enfatiza el principio universal de maestro
espiritual o salvador, es un enemigo de la unión, de la compasión y del
progreso hacia una vida dedicada a la divinidad. Semejante reclamo de exclusividad ha sido culpable de
inmensos derramamientos de sangre inocente como también ha sido la mejor
promoción para el ateísmo en la historia. En Corintios está dicho: «En la ley está escrito:
en otras lenguas y en otros labios hablaré a este pueblo y ni aun así
me oirán, dice el Señor.» (Corintios1.14-21) Muchos cristianos se valen de esta famosa frase de
Cristo: «Yo soy la verdad, el camino y la vida, nadie viene al Padre sino es
por Mí», pero si esto sólo hiciera referencia a Cristo en sí, sólo sus
contemporáneos podrían haberse salvado, por ello necesariamente debemos
inferir que seguir a Cristo significa seguir el espíritu de su mensaje.
Sabemos que el mismo Jesús dijo que quienes siguen su mensaje son su
verdadera familia y sus verdaderos discípulos.
En la literatura Védica se habla de dos tipos de relación con el
maestro espiritual, una es denominada vapu, que
es el servicio que el discípulo rinde al cuerpo del maestro espiritual,
como lavar su ropa, ordenar su cuarto, etc. y la otra llamada vani que es el
servicio rendido a la instrucción del maestro espiritual, siendo este último
tipo de relación el más valioso. A
este respecto también Jesús dijo: «Bienaventurados
aquellos que sin ver, creyeren.» Considerándose
en base a esto que la fe y el servicio en separación y a la voluntad del
maestro es lo más elevado. Por otro lado el Rvdo. Hart también dice que Juan 14.6
a menudo está mal traducido, la traducción del griego debería ser:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida, y ninguno de ustedes está yendo
al padre excepto a través de mí». De
acuerdo con el Rvdo. Hart, la palabra clave en el texto griego es erketai, la
cual indica el tiempo extremadamente presente del verbo. En Palestina, dos mil años atrás, Jesús era el Gurú.
Si él hubiese querido decir que él sería el maestro para todos los
tiempos, habría usado otra palabra distinta a erketai, pero no lo hizo.
El Dr. Boyd Daniels de la Sociedad Bíblica Americana concuerda diciendo:
«Oh sí, la palabra erketai es definitivamente el tiempo presente del
verbo. Jesús le hablaba a sus
contemporáneos.» De todo esto se deduce que el buscador sincero debe
fijar su atención más en la esencia del mensaje que en la persona que lo
transmite. Esto por supuesto no
significa que el transmisor deba ser desdeñado, pero si él no está ya
presente físicamente, su dádiva debe ser buscada entre sus seguidores
sinceros. Consideramos que un
espiritualista no debe tener un corazón mezquino y dejar de amar a uno para
querer a otro, más bien debe amar a su maestro tanto como a quienes él
representa. La meta del
trascendentalista es alcanzar el mundo espiritual, ese mundo donde todos son
profundamente amados, no sólo uno en desmedro de los otros.
Esa no es la naturaleza del amor espiritual, el cual es universal, pues
comprende y abarca a todos. Un
cristiano entonces debería buscar la representación más acabada de Jesús y
seguirlo fielmente como si ese fuese el mismo Cristo, ya que ésta fue la idea
de Jesús al establecer su cadena discipular, y es el consejo que el cristiano
escuchará de labios de sus preceptores. Por
supuesto un alma así es difícil de encontrar y Krsna también nos lo dice en
Bhagavad Gita (7.19): «Después de
muchos nacimientos y muertes, quien en verdad tiene conocimiento se rinde a Mí,
conociéndome como la causa de todas las causas y de todo lo que existe. Tal gran alma se encuentra muy rara vez.» En la Conciencia de Krsna es considerada la bendición
más grande alcanzar la asociación con un santo así. Es el preámbulo a una real y profunda relación con Dios.
Cuando un alma sincera, en ferviente oración ruega por la comunión con
Dios, el Señor le envía a Su devoto como Su representante para que lo alivie y lo
prepare en el camino de vuelta a casa, de vuelta al Supremo. Cuando un país desea establecer relación con otro, este último
envía su representación o embajada, y tal vez más adelante el mismo
presidente podrá hacer una visita. De
la misma manera el Señor se mostrará a nosotros a través de sus santos o
devotos sinceros. Nuestro maestro
espiritual decía que el hombre rico dirá:" si me quieres a mí, tienes
que querer a mi perro," de igual manera, si queremos a Dios, primero
debemos mostrar nuestro afecto hacia quien se ha vuelto su fiel sirviente. Muchas personas no pueden apreciar esto y los
escuchamos desacreditando la posición del maestro espiritual y de los santos,
ellos dicen que tienen a Dios en su corazón y por lo tanto
no necesitan de ningún intermediario.
Si esto es así, entonces ¿para qué aceptar la guía de las escrituras
reveladas o de alguna iglesia?, y si aceptamos la inspiración recibida de parte
de las escrituras con sus profetas y santos encontrando tanto solaz e inspiración
en ellos ¿porqué no buscar con ansiedad a un santo de ese mismo temple que nos
pueda bendecir con su santa compañía? Los santos Vaishnavas han clasificado a los devotos en
tres categorías, como de tercera, segunda y primera clase.
El devoto de tercera clase es justamente aquél que no considera la
necesidad de un representante entre él y Dios.
El visita y adora la deidad o la representación de la divinidad en el
templo pero no se preocupa de relacionarse ni de inspirarse en la relación con
otras personas de inquietudes espirituales.
Es común ver a ese tipo de adorador en los templos o iglesias dirigiendo
sus oraciones al altar, pero ignorando por completo la existencia de otros
devotos o fieles. El devoto de
segunda clase es aquél que adora al Señor, hace amistad con otros devotos,
inspira y ayuda a los inocentes que desconocen el sendero espiritual y evita la
asociación con personas materialistas y mundanas.
Este devoto se considera en un estado de avance intermedio. Gracias a su paciencia, entusiasmo y determinación está
continuamente avanzando hasta volverse un devoto de primera clase, el cual está
siempre imbuído en el amor puro por Dios y por todas las criaturas.
Se espera al menos que uno se esfuerce por situarse en la plataforma de
devoto intermedio dejando de lado la actitud impersonal hacia los demás
hermanos que se esfuerzan en la misma fe.
Es más, Krsna mismo dice
que la adoración y el servicio a Su devoto es superior a la que se destina a Él.
«Mi querido Arjuna -dice el Señor- quienes dicen que son Mis devotos,
no son mis devotos, pero quien dice
que es devoto de Mi devoto, él si es Mi devoto verdadero». Srila Prabhupada nos dijo que Dios es como un hombre
muy rico a quien es muy difícil de complacer, pues ya tiene todo lo que
necesita, pero su hijo puede ser fácilmente complacido con sólo darle un dulce
y de esa manera su padre quedará muy satisfecho. De la misma manera Krsna, es conocido como atmarama, Él no
necesita nada de otros, es autosuficiente; pero Su devoto sí necesita ayuda
para servir a su ilimitado Señor. Estos
devotos puros son grandes almas, magnánimas y misericordiosas y nos bendicirán
con cualquier pequeña ayuda sincera que de acuerdo a nuestra capacidad les
podamos dar, y al ver esto el Señor mismo estará muy complacido y también nos
dará bendiciones infinitas. Por
ello los devotos expertos nos recomiendan acercarnos a Krsna o Dios a través
del servicio humilde y amoroso a los pies de quienes están a los pies del Señor. Con todo esto debemos entender que si emprendemos nuestra vida espiritual con una actitud arribista y ambiciosa seremos rechazados. No podemos ni debemos dar de una vez un salto a lo más alto, eso no será bien visto en la familia trascendental. «El ciudadano no puede ir d |